(Sé que he dejado en el olvido el blog en los últimos meses; he estado algo ocupado. Retomo la labor con el propósito de continuar con regularidad de ahora en adelante)
En el ámbito académico del periodismo en Puerto Rico no es secreto que el tratamiento de la noticia internacional deja mucho que desear en los medios locales. Algunos dicen que se trata del insularismo, que los editores perciben que lo que no es de aquí no es noticia; otros, sin embargo, atribuyen el fenómeno a que los lectores no piden noticias internacionales, por lo que los medios no le dan énfasis al tema. Me parece que ambas apreciaciones están en lo correcto, pero hay un problema que nadie parece querer abordar: ¿qué se puede hacer para que los boricuas entiendan que lo que pasa en el mundo les afecta?
Estudio de caso: Hugo Chávez
Tomemos un ejemplo que está de moda: Hugo Chávez. Durante el mes de noviembre, El Nuevo Día le ha dado portada a la reforma constitucional propuesta por el ex golpista en al menos dos ocasiones (aunque una era por declaraciones de su ex esposa).
Aun en la academia, donde se supone que hay gente con dos dedos de cerebro, algunos dicen que lo que Chávez haga ”no nos afecta”. No se puede tolerar semejante ignorancia. Chávez no es un problema de Venezuela; es un problema del hemisferio. Sus alianzas con líderes con credenciales cuestionables -entre ellos el difunto ex dictador Saddam Hussein-, sus acusaciones infundadas de intervencionismo contra EE.UU. y las constantes amenazas de acción militar si alguien cuestiona la soberanía de Venezuela -una cortesía que él no tuvo con Álvaro Uribe durante el circo del canje humanitario con las FARC- son síntomas preocupantes de un radicalismo descarriado que repunta en autoritarismo a la cubana.
Al mismo tiempo, la llamada Revolución Bolivariana financia -de manera ilícita, por supuesto- campañas políticas de candidatos de pseudo-izquierda en otros países del continente, y el gobierno venezolano peca del intervencionismo por el que tanto fustiga a Estados Unidos al comprar lealtades con petrodólares mientras en su país ni siquiera se consiguen leche y papel higiénico. Al menos los gringos se aseguran de que haya dinero en casa antes de repartirlo.
Venezuela y su bloque de aliados comprados por petrodólares han surgido como una potencia ideológica que le contesta a unos Estados Unidos debilitados por conflictos bélicos en Afganistán e Irak y una política externa que coquetea con el mongolismo. Sin embargo, si sale algo sobre Chávez en la portada de El Nuevo Día, nunca falta algún ignorante que se queje porque no le dieron portada al pleito de la Comay con Adolfo Krans.
¿Qué se puede hacer al respecto?
Ciertamente nos enfrentamos a un problema con muchas dimensiones, y en el que no se puede atribuir culpabilidad ni al lector que no pide informaciones ni al medio que no las suministra. Sin embargo, tiene que haber un detonante para cambiar el status quo.
Uno de los propósitos del periodismo es educar. Si no se cultiva el acontecer internacional en el ciudadano puertorriqueño, nunca va a existir un interés por parte del lector.
Sin embargo, no se trata sólo de ofrecer la información como la presentan los cables (que es lo que hacen muchos medios hoy día). Se debe contextualizar, ya sea mediante análisis en espacios de opinión, o dándole espacio a voces locales que tienen algo que decir al respecto.
Por ejemplo, una nota sobre la reforma constitucional en Venezuela podría haberse trabajado partiendo de las posturas de la comunidad venezolana en Puerto Rico, para luego abordar de lleno el tema y sus ramificaciones. Lo mismo se pudiese hacer para discutir a fondo temas como la guerra en Irak, enmarcada en el testimonio de un soldado boricua. Hoy día, la guerra sólo cobra relevancia en los medios locales cuando muere un soldado boricua.
Más que hacer notas de interés humano, el objetivo es mezclarle al lector la medicina con algo de azúcar para que se la tome.



