Confieso que en un principio, le tuve cierta aversión a los blogs, al menos al uso que tradicionalmente se les da. Convierte a cada quien en un ente generador de informaciones escritas, y le da herramientas para “publicar” esas informaciones en el Internet a gente que no siempre sabe discernir qué es lo que merece ver la luz del día y qué no. Los blogs que hablan sobre trivialidades son muchos, y ahogan casi en su totalidad a los que no lo hacen.
Igual de inútil es el uso que les dan ciertos medios de comunicación, donde los colaboradores creen que es un espacio para regurgitar noticias y no van más allá.
Sin embargo, hay algunos que han utilizado las bitácoras como método para cuestionar los paradigmas tradicionales de la información, donde la audiencia era una masa pasiva que recibía la información de un ente que la generaba y la interpretaba, y donde lo que es noticia se decidía basado en criterios teóricos y de rentabilidad.
Es un cambio que venía dándose desde mucho antes, y que ha obligado a los medios de comunicación a darle más participación al ciudadano; se ha creado un espacio donde la “masa” -que de masa no tiene nada, porque es tan heterogénea como la información- le dice al medio qué quiere ver, y si el medio no hace caso, se desplaza a otra fuente que sí lo haga.
Yo no soy excesivamente contestatario a la fórmula tradicional de los medios de comunicación, ni creo que el Web 2.0 es el fin del periodismo. Sin embargo, sí veo que se ha democratizado el acceso a la información, y creo que aquellos que queremos ser (o somos) periodistas tenemos ante nosotros una maravillosa herramienta -entiéndase, los blogs- para practicar un nuevo periodismo, uno que no se limite a contar los hechos, sino a analizarlos y a tomar posturas si nos da la gana, y a publicar esa información sin tener que responder ni a criterios editoriales ni a agendas personales que no sean las nuestras.
Por todo lo anterior, el blog es la herramienta ideal.



